cartas

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lunes, 5 de septiembre de 2011

capítulo IV: LA SEPARACIÓN

-Tú primero-decidió Alicia, sentándose en un banco próximo a donde se encontraban. Intuía lo que iba a suceder y prefería estar sentada. Además lo suyo era bastante largo de contar.

-De acuerdo-asintió rubén. Lo cierto es que aver como te digo esto-añadió pensativo y trás un rato dudándolo, decidió ir al grano. Verás Alicia llevo tiempo buscando un trabajo que me guste y lo he encontrado pero a un problema. Alicia iba a preguntar de qué se trataba pero Rubén la cortó y prosiguió- el problema es que he encontrado trabajo pero es fuera de aquí, en otra ciudad. Alicia lo miró y vió como él al decir esto la estaba mirando directamente a los ojos como esperando su aprobación, sin embargo en aquellos momentos no sabía que decir y permanecía callada rezando porque de nuevo Rubén rompiera aquel silencio.

-Bueno, es que no vas a decir nada-preguntó Ruben trás un rato de incómodo silencio.
-¿Y qué quieres que diga?- respondió finalmente Alicia. Tú ya lo tienes todo planeado. Vete. No has contado conmigo hasta que ya ha sido demasiado tarde. Marchate. Es tu vida. Es lo que quieres-concluyó Alicia contiendo las lágrimas.

-Alicia tienes que entenderlo-Es mi oportunidad de cumplir un sueño-insistió Rubén.

-Tú lo has dicho y muy bien además. Es tu sueño. No es el mio-respondió Alicia haciendo una pequeña mueca.

-Pero podrías venirte conmigo si quieres- le sugirió Rubén.

-Es tu sueño. No el mio-repitió ella.

-Y entonces...-Rubén comenzó.

-Entonces se acabó. Lo dejamos-Respondió Alicia antes de que Rubén pudiera terminar la pregunta.

Alicia se levantó dispuesta a irse, pero algo la sujetó. Era Rubén. -Alicia, espera por favor. Alicia se dió la vuelta- y ahora ¿qué quieres?-inquirió. -Simplemente que me digas ¿qué era eso que tenías que contarme?- le recordó Rubén.

-Mi vida se está yendo a la mierda-pensó Alicia pero sacando la mejor sonrisa que en aquellos instantes fue capaz de sacar miró a Rubén y respondió-no es nada. Tú tranquilo. Es una tontería. Y se dió la vuelta decidida a abandonar a aquel sitio antes de que pudiera arrepentirse de lo que acababa de hacer.


Ester estaba en su habitación. -¡Por fin en casa!-exclamó desplomándose encima de su mullido edredón azul cielo. Le gustaba viajar pero a veces los viajes de negocios de sus padres eran demasiado aburridos, como había sucedido con este último. Había terminado aburriendose de estar tantas horas sola, en la piscina o divagando de aquí para allá por todo el hotel. Si al menos tubiera una hermana o le hubieran dejado llevarse a una amiga la cosa habría sido distinta. En fin, era lo que tenía tener dos padres empresarios y ser hija única.
Ester se levantó de la cama y encendió el ordenador. Puso su cd favorito y se conectó al tuenti, esperando que al menos allí hubiera alguien conectado que la sacara un poco de su aburrimiento habitual.

-¡Qué raro, que Alicia no esté conectada!-exclamó con sorpresa al comprobar que su mejor amiga no se había conectado.- Veamos pues si hay alguien interesante-se dijo para sí misma.


-Tal vez he sido muy dura con Rubén-iba pensando Alicia de camino a casa. Ni siquiera le he dicho lo que me sucedía. Igual esté ahora preocupado por mí. ¿Y si me quiere?-Alicia sacudió la cabeza al pensar en esto último. Sabía que él no la quería. Ni siquiera le había insistido en que se fuera con él, solo se lo había sugerido y aquello no era nada. Aquello era lo mejor para los dos. Ella no quería retenerlo allí y mucho menos ser una carga para él. En aquellos momentos estaba sonando "No podíamos ser agua" de Maldita Nerea en su mp3.  Le encantaba aquella canción, le hacía sonreir y no sabía muy bien porqué, pero ahora creía entender su letra mejor.

Rubén vió como Alicia se alejaba. Se había terminado. Tal vez era lo que tenía que pasar y sin embargo se sentía mal. Sabía que a ella le pasaba algo. Estaba seguro. Alicia no estaba bien, y sin embargo había decidido sacarlo de su vida. ¿Por qué?, no entendía nada. En el fondo sabía que siempre había sido un capullo con ella y que por tanto se lo merecía. Pero en el momento en que ella había decido terminar su relación, en ese momento él había comprendido algo: ella lo quería y por eso lo había dejado irse.