Alicia se asomó a la ventana. Afuera estaba empezando a llover. Siempre le había gustado mojarse bajo la lluvia. Le llenaba de vida, de energía y le hacía reir a carcajadas. No había nada mejor que empaparse bajo la lluvia para devolverle la alegría, para en cierto modo ser feliz; y ahora mismo lo necesitaba, necesitaba "empaparse" de felicidad. Olvidarse por un momento de todo aquello, de su vida. Así pues salió al balcón de su nueva casa. Acababa de mudarse hacia escasas horas. Su padre la miró sonriente pero extrañado, seguía sin entender qué le sucedía a su hija y Paula su hija menor no le había facilitado ninguna información al respecto.
-¿Va todo bien Alicia?-preguntó Antonio sin dejar de mirarla.
-Sí papá, ningun problema- respondió Alicia forzando una sonrisa. Aquello era mentira pero Alicia sabía que no era el momento para darle más disgustos a su padre, más preocupaciones y a fin de cuentas estaba segura de que terminaría saliendo adelante como siempre. Ella era una luchadura.
En aquel preciso instante un ruido la devolvió a la realidad. Su móvil. Era un mensaje de Rubén.
Rubia kedams a las 6 en el parq de al lado de tu casa.teng q contart algo.besos. Rubén
Alicia se quedó helada al leer esas palabras. Estaba claro que ese mensaje le había llegado a ella por error, puesto que ella no era rubia y nunca lo había sido, y también que su emisor había sido rubén, "SU" rubén.
Mil preguntas inundaron en aquel instante su cabeza: ¿rubén le era infiel con una rubia?, ¿quién sería esa "rubia"?,¿qué tendría qué decirle a esa chica?,¿desde cuándo se la pegaba con otra?,...
Entonces se le ocurrió una idea. Iba a ir a aquella cita y lo iba a averiguar sin que ninguno de los dos se diera cuenta.
Ester miró su reloj de pulsera. Faltaba menos de una hora. Se diriguió hacia su gran armario verde pistacho y lo abrió de par en par. Aquella tarde necesitaba estar guapísima, de eso dependía todo. Se probó todo el armario buscando algo que ponerse para aquella ocasión. Nada le convencía y el montón de ropa que iba desechando encima de la cama cada vez era más grande. De pronto vió algo. Un vestido precioso que le había prestado Alicia hacía tiempo y que yacía olvidado en el suelo de aquel desastroso vestidor. Sin pensarlo dos veces, lo cogió y se lo puso. Estaba realmente preciosa con él. Irresistible.
Alicia estaba nerviosa. Eso de espiar no era lo suyo y tenía que intentar no levantar sospechas. Paula la miró y se dio cuenta de qué su hermana tramaba algo. Una sonrisa de oreja a oreja iluminó su cara por completo. Se le acaba de ocurrir un plan.