Puesto que me lo has pedido tantas veces y sé que de verdad te gusta mi historia, he decidido escribir un capítulo extra esta semana. Creo que mi inspiración se iría sin ti, tú me inspiras, eres mi "muso" por así decirlo.
Alicia observó como se quemaba hasta la última foto y abrió un poco la ventana para que saliera aquella humareda no quería que su padre pensara que había estado fumando, solo le faltaba eso. En aquel instante su móvil comenzó a iluminarse, alguien la estaba llamando. Alicia se enjugó una lágrima y respondió intentando ocultar que había estado llorando. - Digamé- dijo Alicia con la voz algo temblorosa por el reciente llanto.
- Al fin lo has descubierto ¿verdad?-exclamó una voz al otro lado del teléfono. -¿Quién eres?-inquirió Alicia- ¿Y de qué hablas?- Sabes perfectamente a lo que me refiero- respondió aquella misteriosa voz. -Algo en ti sabía que Ester no era de fiar y lo sabes- añadió y sin más colgó. ¿Oiga?, ¿oiga?- inquirió Alicia en vano pues quien fuera ya había colgado. - ¡Ay, Dios mio!- exclamó Alicia desplomándose sobre la cama- menudo día-. Se levantó y cogió su cuaderno, aquel que había decidido que sería su confidente, el único que sabría todo aquello que pasaba por su mente y sin más empezó a escribir.
1-3-08 LHDA
- "Menuda mierda de vida, hoy ha resultado ser uno de los peores días de mi vida, aún peor que el día que recibí la peor noticia de la historia: que mis padres se separaban. Hace unas horas recibí un mensaje de Rubén, mi exnovio, muy extraño por lo cual enseguida deduje que ese mensaje no iba dirigido a mi sino a otra chica a la cual por cierto se refirió como rubia. Rubén y yo hace unos días que lo dejamos, cosa que no me sorprendió mucho la verdad ya que últimamente apenas nos veiamos y cuando quedabamos siempre era yo la que lo proponía de lo cual ya estaba yo bastante harta. Pero lo peor estaba por llegar y es que hace escasos minutos he descubierto la identidad de esa misteriosa rubia. Resulta que esa rubia no era otra que mi "mejor amiga" Ester a la cual conozco desde que era una niña. De golpe he entendido todo, sus risas, sus miradas, sus cuchicheos y por lo visto he debido ser la última en enterarme porque me ha llamado alguien muy extraño al móvil que no he sabido averigüar quien puede ser pero fuera quien fuese también lo sabía. Joder!!!!soy un desastre, primero Rubén y ahora Ester ¿qué más puede pasarme?. Logicamente nuestra amistad se ha acabado para siempre y he quemado hasta la última foto que teníamos juntas. Es que es muy fuerte. ¿No sé qué puedo hacer ahora?. No soy una persona a la que le resulte fácil precisamente hacer amigos."
Alicia dejó el boligrafo encima de la mesa y ocultó el cuaderno en su lugar secreto no quería que nadie lo encontrara, cogió su portátil y lo encendió. Esperó a que se iniciara del todo e inició sesión en su tuenti. Vió que tenía un privado y lo abrió con sorpresa al ver que no conocía al remitente del mismo.
"Alicia al final te enteraste de la verdad. Nunca has hecho caso a tus amigos de verdad. Confiabas demasiado en Ester cuando todos te deciamos que no era trigo limpio. Y tú solita te has caido del burro, ahora ya ves como era en realidad tu gran "amiga". Quizá este mensaje te parezca cruel pero tú sabes que es la verdad. Te espero mañana a media tarde en el mismo parque en el que has sido traicionada. Solo así sabrás quién soy"
Alicia se frotó los ojos una y mil veces y leyó el mensaje otras tantas. Aquello era una cita pero no una cualquiera sino una cita con un desconocido y por lo que veía con un desconocido que en realidad la conocía muy bien, tal vez hasta un amigo suyo. No tenía ni idea de quien podía tratarse y sabía que si quería saberlo tendría que asistir.
Paula encendió la televisión y se tumbó en el sofá. Acababa de volver a casa. ¡Qué fuerte!- exclamó-tapándose la boca con la mano que le quedaba libre, al recordar lo que minutos antes había descubierto.
Siempre me han dicho que hay que luchar por aquello que deseas, por tus sueños. Tener prioridades. Y siempre he tenido claro que mi mayor prioridad en esta vida,es ser feliz.
cartas
martes, 11 de octubre de 2011
capítulo IX: resentimiento
Alicia los vió y se dió la vuelta. Las lágrimas no dejaban de salir de sus ojos.¿Cómo había podido Ester hacerle eso? ¿Cómo había estado tan ciega y no había visto lo que pasaba?. De pronto había entendido todo, aquellas miradas entre los dos, aquellas risitas cuando alguna vez ella tenía que ausentarse por unos instantes y les dejaba solos. - Seré tonta- exclamó para sus adentros, -por eso me decía que era un capullo que no me merecía- Menuda zorra.- Nunca volveré a dirigirle la palabra.
-Estás guapísima hoy Ester-exclamó Rubén cuando sus ojos se posaron sobre la muchacha rubia.- Pareces una princesa- Ester sonrió ruborizada por los piropos que el muchacho le propiciaba, ajena a que unos metros atrás alguien la observaba y a que Alicia había descubierto su secreto. Por unos instantes lo había olvidado, había olvidado su plan y su traición. Un plan que tal y cómo lo había planeado estaba dando resultado, estaba segura de que aquella noche terminaría por seducirlo o al menos eso esperaba. Sabía que más tarde o más temprano alguien descubriría lo que había hecho y entonces Alicia no tardaría en saberlo.
Rubén ni siquiera había pensado en eso. Él sabía que aquella chica era un blanco fácil. Alicia nunca lo había sido, en realidad nunca le había gustado demasiado y por lo tanto le daba igual lo que ella pensara de aquello. Él iba a su bola, era un egoísta y no sentía la más mínima compasión por ella, en realidad ni por ella ni por nadie. Sólo quería sacar lo que pudiera de aquella situación, ni loco pensaba volver a adentrarse en una relación con nadie. Le gustaba mucho más ir de flor en flor, picoteando hoy de aquí y mañana de allí, las relaciones serias no eran de su agrado. Demasiado compromiso, demasiada responsabilidad, él solo quería divertirse y con esa finalidad había quedado con Ester.
Alicia llegó a casa y entró pegando un fuerte portazo al cerrar la puerta tras ella. Por suerte su padre no estaba en casa. Mejor no tenía ganas de explicar aquello. Entró en su cuarto dispuesta a saciar su dolor de la forma que fuera posible. Necesitaba desahogarse de alguna manera. Se subió a una silla y empezó a tirar al suelo todos los álbumes de fotos que tenía y buscando cómo una loca deshechar aquel insoportable dolor de su alma, buscó todas las fotos que tenía con Ester y con un mechero empezó a quemarlas. Con lágrimas en los ojos vió como una a una aquellas fotos se consumían por el fuego, tal y como se había consumido una amistad de años, hasta no quedar más que unas escasas cenizas.
-Estás guapísima hoy Ester-exclamó Rubén cuando sus ojos se posaron sobre la muchacha rubia.- Pareces una princesa- Ester sonrió ruborizada por los piropos que el muchacho le propiciaba, ajena a que unos metros atrás alguien la observaba y a que Alicia había descubierto su secreto. Por unos instantes lo había olvidado, había olvidado su plan y su traición. Un plan que tal y cómo lo había planeado estaba dando resultado, estaba segura de que aquella noche terminaría por seducirlo o al menos eso esperaba. Sabía que más tarde o más temprano alguien descubriría lo que había hecho y entonces Alicia no tardaría en saberlo.
Rubén ni siquiera había pensado en eso. Él sabía que aquella chica era un blanco fácil. Alicia nunca lo había sido, en realidad nunca le había gustado demasiado y por lo tanto le daba igual lo que ella pensara de aquello. Él iba a su bola, era un egoísta y no sentía la más mínima compasión por ella, en realidad ni por ella ni por nadie. Sólo quería sacar lo que pudiera de aquella situación, ni loco pensaba volver a adentrarse en una relación con nadie. Le gustaba mucho más ir de flor en flor, picoteando hoy de aquí y mañana de allí, las relaciones serias no eran de su agrado. Demasiado compromiso, demasiada responsabilidad, él solo quería divertirse y con esa finalidad había quedado con Ester.
Alicia llegó a casa y entró pegando un fuerte portazo al cerrar la puerta tras ella. Por suerte su padre no estaba en casa. Mejor no tenía ganas de explicar aquello. Entró en su cuarto dispuesta a saciar su dolor de la forma que fuera posible. Necesitaba desahogarse de alguna manera. Se subió a una silla y empezó a tirar al suelo todos los álbumes de fotos que tenía y buscando cómo una loca deshechar aquel insoportable dolor de su alma, buscó todas las fotos que tenía con Ester y con un mechero empezó a quemarlas. Con lágrimas en los ojos vió como una a una aquellas fotos se consumían por el fuego, tal y como se había consumido una amistad de años, hasta no quedar más que unas escasas cenizas.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)