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martes, 4 de octubre de 2011

capítulo 8: la traición

Rubén salió de su casa, sin percatarse de que alguien le estaba siguiendo. Se detuvo un segundo para mirar la hora y continuó caminando, había quedado en un parque no muy lejos de allí. Alicia observaba con cautela cada uno de sus movimientos no quería que él la descubriera, no le gustaba eso de tener que seguirlo pero ese mensaje estaba segura de que era la respuesta a todas las preguntas que emanaban de su cabeza.

Ester sacó un espejo ya era casi la hora y necesitaba saber si seguía impoluta, perfecta. Se miró y sonrió aliviada, por suerte ni un pelo fuera de su lugar y el maquillaje seguía perfecto. Esperaba que él fuera puntual. No le gustaba nada que la hicieran esperan.  De pronto recordó algo que borró su sonrisa de un soplido, hacía años en aquel mismo parque había conocido a alguien muy especial, muy cerca de donde ahora se encontraba sentada. Ella estaba jugando en aquel parque cuando oyó a alguien llorar. No tardó en divisar que se trataba de una niña de más o menos su edad que lloraba porque se había caído, asustada por la herida de su rodilla de la cual emanaba bastante sangre. Fue entonces cuando ella se acercó y la acompañó hasta donde se encontraban sus padres que la curaron, y entonces también se hicieron amigas. Eran las mejores amigas del mundo, cuando una lloraba la otra se sentía triste y cuando reía la otra también lo hacía. Habían compartido mil secretos. Y ahora ¿qué pasaría?. Ahora todo iba a cambiar, después de aquella tarde no sería capaz de ni siquiera mirarla a la cara; pero ya no había vuelta atrás. De repente un leve ruido la sobresaltó, se giró y allí estaba él. Una sonrisa amarga apareció en su rostro.

Alicia también lo vió y la vió a ella. Las lágrimas empezaron a surcar por todo su rostro. Ahora lo entendía todo. Y lo que más le dolía no era que él la hubiera utilizado sino la traición de ella.

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